martes, 30 de junio de 2015

Cuento reflexivo: El leñador honrado



Érase una vez un leñador, cuya hacha cayó en el río. Desesperado, no sabía qué hacer, pues aquella hacha era todo lo que tenía para poder vivir. Entonces, apareció de repente un hada de las aguas y le dijo al leñador que esperase un momento, que buscaría su hacha. Se zambulló en el agua y apareció con una hacha de oro entre las manos. El leñador le dijo entristecido que aquélla no era su hacha. El hada volvió a meterse en el agua y sacó un hacha de plata. El leñador se mostró afligido nuevamente. El hada se sumergió por tercera vez y sacó su hacha de hierro. El leñador comenzó a dar saltos de alegría y a saltar de felicidad. Entonces, el hada le dijo:

- De entre las tres, prefieres tu hacha de hierro, incluso aunque las otras dos fuesen más valiosas. Valoro tu honradez, por lo que te regalaré las otras dos hachas.

domingo, 28 de junio de 2015

Los naúfragos

Había 10 náufragos en una isla desierta. Tanto tiempo habían pasado allí, aislados del mundo, que se habían vuelto un poco cortos de mente. Todos estaban preocupados porque, cuando su avión se estrelló hacía ya tantos años, sabían que 10 pasajeros iban a bordo. Seguían siendo 10 pero, cuando se contaban entre ellos, el que contaba jamás se contaba así mismo. De forma que cuando hacían el recuento de pasajeros, el número era siempre 9. Todos los náufragos contaban de la misma forma.

Un día, un barco los halló de lejos y fue a rescatarlos. El capitán del barco bajó de él y les brindó su ayuda. Pero ellos dijeron que había que buscar al náufrago perdido. Al número 10. El capitán los contó a todos y vio que eran 10.

- Sois 10. No hay ninguno que pueda estar perdido.

Cuento reflexivo: Afilar el hacha

Fuente y crédito: reflexionesparaelalma.net

Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en un aserradero. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún; por lo tanto, el leñador se decidió practicar toda su experiencia.
El primer día al presentarse al capataz, éste le dio un hacha y le designó una zona de trabajo. El hombre entusiasmado salió al bosque y en un solo día cortó dieciocho árboles.

-Te felicito, le dijo el capataz; sigue así.

jueves, 25 de junio de 2015

Cuento reflexivo: la luciérnaga y la serpiente

Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Ésta huía rápido y con miedo de la feroz predadora, y la serpiente, al mismo tiempo, no desistía. Huyó un día y la serpiente la seguía; dos días y la seguía. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:

- ¿Puedo hacerte tres preguntas?

- No acostumbro a dar esta oportunidad a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar -respondió la serpiente.

- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

- No -dijo la serpiente.

- ¿Yo te hice algún mal?

jueves, 18 de junio de 2015

Cuento reflexivo: la piedra del camino

El distraído tropezó con ella.
El violento la utilizó como proyectil.
El emprendedor, construyó con ella.
El campesino, cansado, la utilizó de asiento.
Para los niños, fue un juguete.
Drummond la poetizó.
David, mató a Goliat.
Y Miguel Angel le sacó la más bella escultura.

martes, 16 de junio de 2015

Cuento reflexivo: la paz perfecta

moralejaHabía una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron... El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que reflejaba la paz perfecta.

lunes, 15 de junio de 2015

Cuento reflexivo: la tortuga charlatana



Érase una vez una tortuga charlatana. Era muy amiga de dos patos, que la conocían por ser demasiado habladora, casi pesada. A la hora de despedirse, los patos le dijeron a la tortuga:

- ¿Por qué no nos acompañas?

- Pero, ¿cómo podré llegar allí sin perder vuestra pista? Yo no tengo alas y no puedo seguiros.

- Eso no es un problema. Agarra un palo con la boca y cogeremos ambos extremos, alzaremos el vuelo y te llevaremos con nosotros. Eso sí, no podrás hablar en todo el trayecto porque te caerías. ¿Serías capaz de eso?