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domingo, 18 de junio de 2017

Diamantes y reptiles

Había una vez una viuda que tenía dos hijas. Era esta mujer de un carácter insoportable, hasta el punto de que en el lugar en que vivían se decía que su difunto marido había muerto por no soportarla. Y debía ser así porque era soberbia, orgullosa, egoísta, malhumorada y presumida. Todo lo contrario que su marido, que era bueno, bondadoso, trabajador y excelente persona. Estas dos personalidades tan distintas se reflejaban en sus hijas, mientras la mayor era el vivo retrato de su madre, la pequeña lo era de su padre. Como era de esperar, la madre viuda mimaba a su hija mayor a todas horas. Sin embargo, la pequeña era la encargada de hacer todas las tareas de la casa.
-¡Vamos, tú, vaga! – le decía la madre – date prisa o no terminarás nunca, todavía tienes que barrer, hacer las camas, ir a la compra, hacer la comida y traer agua de la fuente. ¿No ves que tu hermana está muy cansada y no debe trabajar?
La pobre niña no paraba desde que amanecía hasta bien entrada la noche, mientras su hermana mayor se pasaba las horas ante el espejo, arreglándose el pelo y maquillándose, a pesar de no ser guapa como su hermana pequeña. Todas las mañanas, la hermana pequeña cogía su cántaro e iba a la fuente a llenarla. El camino era muy largo, pero no había otra fuente más cercana. Y así era su vida, un día tras otro, sin tener apenas tiempo para descansar.
Una mañana soleada de primavera, llegó la niña a la fuente, para llenar su cántaro, como hacía a diario. Ya lo había llenado y estaba sentada descansando de tan largo camino antes de regresar, cuando vio venir hacia ella a una anciana, apoyada en un palo, encorvada y vestida de harapos; no era muy agradable su aspecto, aunque sus ropajes, a pesar de viejos, estaban limpios y aseados. Cuando llegó al lado de la niña, se sentó a su lado y con un hilo de voz, le dijo fatigada:
-Ay, que cansada estoy, querida niña. ¿Serías tan amable de darme un poquito de agua? Ni fuerzas tengo para inclinarme.
-Pues claro que sí, señora. Beba usted cuanto quiera. Y lo que siento es no tener nada más que ofrecerle.

viernes, 20 de enero de 2017

Clásicos: Juan sin miedo

Hermann Vogel-The tale of a youth who set out to learn what fear was-3.jpgJuan recibió el apelativo de sin miedo debido a que no tenía miedo a nada. Pero como quería conocerlo, un día salió de su casa dispuesto a correr aventuras esperando toparse en algunas de ellas con algo que le hiciera sentir miedo. Sin embargo, de poco le valió el encuentro que tuvo con una bruja ni después con un ogro. Y así llegó hasta un castillo encantado. El rey había prometido que concedería la mano de su hija a quien pudiera pasar tres noches en él, y Juan no lo dudó; ni los fantasmas ni las criaturas a las que tuvo que hacer frente consiguieron causarle miedo, por lo que consiguió casarse con la princesa. Finalmente también acabó conociendo el miedo cuando su mujer, con objeto de darle lo que tanto tiempo llevaba buscando, derramó sobre él una jarra de agua fría mientras dormía.


Fuente: Wikipedia.

lunes, 16 de enero de 2017

Cuentos: La Señora Nieve

Había una vez una niña muy hermosa que vivía con su madastra y su hermanastra. Un día, cuando estaba en el jardín, se le cayó la pelota en el pozo. Al inclinarse para recuperarla, también ella cayó de cabeza en el interior del pozo. Al llegar al fondo, descubrió un jardín muy grande cubierto de flores de todos los colores. A lo lejos había una casa, y decidió acercarse a ella.

Por el camino se encontró con un horno en el que cocían unos panecillos.

- Sácanos de aquí. Tenemos mucho calor - oyó que gritaban.

La niña hizo caso de lo que los panecillos le pedían. Más adelante, se encontró con un manzano sobrecargado de fruta, que cansado de cargar con ella, le pidió:

-¿Podrías sacudir mis ramas, para que caigan al suelo las más maduras?

jueves, 5 de noviembre de 2015

Rumpelstiltskin


Tratando de parecer más importante delante del rey, un pobre molinero le miente afirmando que su hija sabe hilar tan bien que puede convertir la paja en oro. Asombrado por tal proeza, el rey le dice que lleve a la chica al día siguiente al palacio, donde la introduce en una habitación llena de paja y le ordena convertirla en oro usando una rueca y un carrete. El rey le advierte que, de no lograrlo, morirá.

Mientras pasa el tiempo sin saber qué hacer, sola y desesperada, la mujer comienza a llorar, cuando de repente se aparece un duendecillo, quien le pregunta el motivo de su llanto. Enterándole de lo que sucede, el duende se ofrece a realizar el trabajo, a cambio de un premio. La hija del molinero le promete entonces su collar. De esa manera, el misterioso hombrecillo comienza a hilar la paja, que se convierte en oro, hasta transmutarla toda.

Al siguiente día, el rey se presenta nuevamente y, sorprendido ante aquel prodigio, su corazón se llena de codicia, por lo que lleva a la hija del molinero a una habitación aún más grande y con más paja, ordenándole que la hilara en una noche so pena de su vida. Una vez más, el hombrecillo aparece y a cambio de la sortija de la mujer, convierte la paja en oro.
Finalmente, al tercer día, el rey lleva a la mujer a una tercera habitación aún mayor que las anteriores, y le promete desposarse con ella a cambio de convertir la paja en oro. Por tercera vez, el duendecillo hace el cambio una vez que la hija del molinero le hace una promesa: entregarle a su primer hijo una vez sea reina.

Cumplido el cometido, el rey se casa con la joven, que se convierte en reina, y un año después, es madre, sin acordarse de su promesa. Entonces, el hombrecillo reaparece: viene a llevarse al niño. Llorando, la reina intenta convencerlo de lo contrario, y entonces el duende le da tres días para adivinar su nombre, a cambio de no llevárselo, seguro de que no lo logrará.

La reina envía mensajeros a todo el reino para averiguar el nombre, pero todo es en vano, hasta que al filo del tercer día, uno de ellos le informa haber observado una noche a un hombrecillo que bailaba alrededor de una hoguera, cantando una extraña canción, en la cual revela su verdadero nombre: Rumpelstiltskin. Es así como, al escuchar de labios de la reina que ella conocía su verdadero nombre, Rumpelstiltskin se enfurece y patea el suelo tan fuerte, que se hunde hasta la mitad del cuerpo.



Fuente: Wikipedia.

domingo, 28 de junio de 2015

Los naúfragos

Había 10 náufragos en una isla desierta. Tanto tiempo habían pasado allí, aislados del mundo, que se habían vuelto un poco cortos de mente. Todos estaban preocupados porque, cuando su avión se estrelló hacía ya tantos años, sabían que 10 pasajeros iban a bordo. Seguían siendo 10 pero, cuando se contaban entre ellos, el que contaba jamás se contaba así mismo. De forma que cuando hacían el recuento de pasajeros, el número era siempre 9. Todos los náufragos contaban de la misma forma.

Un día, un barco los halló de lejos y fue a rescatarlos. El capitán del barco bajó de él y les brindó su ayuda. Pero ellos dijeron que había que buscar al náufrago perdido. Al número 10. El capitán los contó a todos y vio que eran 10.

- Sois 10. No hay ninguno que pueda estar perdido.

jueves, 19 de febrero de 2015

Pulgarcito y su gran aventura

Versión de Charles Perrault.

Pulgarcito era el menor de varios hijos de unos humildes leñadores. La pareja estaba pasando un gran problema económico, por lo que decidieron abandonar a sus hijos en el bosque. Pulgarcito oyó el plan, así que mientras se adentraban en el bosque, fue arrojando piedras blancas y cuando llegó la hora, pudieron volver a casa. Sin embargo, sus padres volvieron a abandonarlos y ésta vez tiró migas de pan. El problema fue que se las comieron los animales del bosque y no pudieron volver.

lunes, 2 de febrero de 2015

El astuto gato con botas y el hijo de molinero

Un humilde molinero dejó a su hijo más joven un gato como única herencia. Se sintió desdichado pero enseguida descubrió lo afortunado que era. El gato era una caja de sorpresas. Para empezar...¡hablaba! Entonces, le dijo a su dueño que le diera unas botas y una bolsa. El dueño no entendía muy bien qué pretendía hacer el gato, pero le hizo caso. El gato salió de la casa y cazó un conejo, que metió en la bolsa. Fue entonces cuando se presentó ante el rey. Presentó la caza como si fuera de su dueño, diciendo que era un hombre muy importante, llamado "El Marqués de Carabás". Acudió otras veces a palacio, ofreciéndole otros tantos regalos, con los que el rey estaba encantado.

El gato avisó a su dueño por fin de su plan y le pidió que confiara en él. No tenía nada que perder, así que aceptó. Entonces, fueron al río y le dijo al dueño que se quitara la ropa y se metiera en el río, que acudiría por allí el rey. Así lo hizo. Cuando vio el carruaje real el gato pidió auxilio gritando y el rey y sus guardias ayudaron al muchacho a salir del agua y lo vistieron con lujosos ropajes. 

El siguiente paso para convertir a su dueño en realeza, conseguirle el castillo y las tierras de un ogro que era capaz de convertirse en cualquier animal. El gato se adelantó al carruaje real y acudió a dichas tierras y vio a los trabajadores labrándolas. Les dijo que iba de parte del ogro y que como no dijeran que al rey que las tierras eran del Marqués de Carabás, el ogro se los comería a todos. El carruaje real pasó y el gato preguntó de quién eran las tierras. Los trabajadores dijeron que eran del Marqués de Carabás y el rey quedó maravillado.

El último paso del gato con botas fue acudir al palacio del ogro y pedir verle. El ogro le preguntó qué era lo que quería de él y el gato le pidió una demostración de cómo se convertía en un animal, ya que jamás había visto nada igual y era incapaz de creerlo. El ogro, queriendo impresionar al gato parlante, le preguntó que en qué animal quería que se convirtiera. El gato le dijo que se convirtiera en ratón, ya que era difícil de imaginar que un ogro tan grande se convirtiera en un animal tan pequeño. Entonces, el ogro se convirtió el ratón y el gato con botas lo pilló y se lo comió.

De esta forma, el muchacho heredó las tierras del ogro y el rey decidió casarlo con su hija. Y vivieron todos felices y comieron perdices.


Texto: redactado por mí.

La historia de Barba Azul

Érase una vez un hombre muy peculiar que tenía la barba azul. Le costaba encontrar esposa, ya que todas le rechazan debido a este aspecto. Una familia decidió un día casar a una de sus hijas con tal hombre, ya que, además, era muy rico. Ninguna de ellas quería, no sólo por su aspecto sino porque corría el rumor de que todas sus mujeres habían desaparecido de forma misteriosa. La hermana más joven decidió armarse de valor de casarse con él. Vivían felices en la casa de él hasta que un día Barba Azul le dijo a su esposa que tenía que partir hacia un viaje muy importante y que le hacía entrega de todas y cada una de las llaves de la casa, incluida una a la que el acceso le estaba prohibido.

viernes, 5 de septiembre de 2014

La Cenicienta y el zapato de cristal



Érase una vez una chica que se vio obligada a vivir con su madrastra y sus hermanastras al morir su padre. Después de la desgracia, la obligaron a vivir como una sirvienta, encargándose de todos los caprichos de las tres. Las malas lenguas decían que su padre había sido tan bueno y aquella mujer con la que se había casado tan mala, que había muerto por no soportarla.

Un día, el palacio mandó un mensaje a todo el pueblo, comunicando que se celebraría una gran fiesta para que el príncipe encontrase a la esposa ideal. La madrastra se puso loca de contenta, pensando que una de sus dos hijas podría ser la elegida. Cenicienta también deseaba ir a la fiesta, pero la madrastra se encargó de intentar evitarlo por todos los medios, encargándole más tareas que nunca: barrer toda la casa, fregar todos los cacharros, lavar toda la ropa, preparar baños para las hermanas y un sinfín más. Por las noches preparaba su vestido, con ayuda de ropas viejas. Sin embargo, sus hermanastras la descubrieron la noche de la fiesta y se lo destrozaron, haciéndolo jirones.

lunes, 16 de junio de 2014

La princesa y el guisante

Érase una vez en un país muy lejano, un príncipe muy joven que deseaba casarse con una princesa para convertirla en su reina y que gobernase con él en su reino. Había muchas mujeres que alegaban ser verdaderas princesas cuando no lo eran, y no lograba descubrir cuáles eran farsantes y cuales no. Llegó a pensar que jamás se casaría.

Un día de tormenta apareció una chica joven y hermosa, asegurando ser una princesa. Estaba toda empapada y sucia. Los reyes no podían dejarla desamparada, así que la acogieron por una noche. El príncipe decidió ponerla a prueba, para descubrir si era una princesa verdadera como decía, o si era otra farsante que buscaba presumir de quedarse una noche en palacio. La prueba consistiría en poner un guisante debajo de una pila de colchones, uno encima de otro. Si la chica decía haber dormido bien, mentía, porque no habría notado el guisante. Sólo una princesa sería lo suficientemente delicada para notarlo.

Los sirvientes de palacio prepararon la cama con varios colchones y un diminuto guisante en el último de ellos. Al día siguiente, sin entender el propósito del príncipe, se levantó indignada. Dijo que algo había entre los colchones de su cama, ya que había dormido fatal y que era tan incómodo que se le había llenado en cuerpo de cardenales.

El príncipe entendió que aquella princesa era verdadera, así que le pidió que se casara con él, ella aceptó encantada y vivieron felices y comieron perdices.



Fuente: recuerdo el cuento de cuento desde que era pequeña.

sábado, 23 de noviembre de 2013

La gallina de los huevos de oro

Érase una vez un hombre muy bueno que tenía una granja llena de gallinas, gallos y otros animales. Se ganaba la vida con los huevos que le daban estos animales y con aquello tenía suficiente para ser muy feliz. Un día, vio que una de sus gallinas había dado un huevo dorado.

Al principio, creyó que sólo cambiaba el color, pero que sería un huevo normal, hasta que lo cogió y vio que pesaba bastante y vio que era de oro. Comenzó a alimentar y a mimar a esta gallina más que a las demás para que diera más huevos como aquel. Otro día, volvió a dar otro huevo y el hombre se sintió todavía más feliz. Duplicó su ración de comida y mimos hacia la gallina que, llegaba un momento, en que no podía comer más o deseaba estar sola. Tal era su incomodidad, que dejó de poner huevos. No ponía huevos ni de oro ni ningún otro.

jueves, 5 de septiembre de 2013

El mito del Rey Midas

Aunque se le ha retratado en numerosos cuentos, historias y mitos, Midas es un personaje real de carne y hueso, ya que fue rey de Frigia. Su mito comienza cuando Sileno (maestro del dios Dionisio) se emborracha y desaparece de su casa. Unos campesinos lo vieron y lo llevaron ante del rey Midas. Éste lo reconoció y lo trató educadamente. El día número once de permanecer en el palacio de Midas, éste lo llevó de vuelta a casa del dios Dionisio. Dionisio quiso agradecerle lo que había hecho por su mentor, así que como recompensa le dijo a Midas que pidiera lo que quisiera. Midas, que era un ser muy avaricioso, deseó que todo cuanto tocaran sus manos se convirtiera en oro. Así podría hacerse más y más rico y nunca le faltaría de nada. Cuando Dionisio se lo concedió vio que no había sido tan buena idea, pues no podía valerse por sí mismo. No podía vestirse, ni comer, ni beber, ni realizar ninguna de sus actividades y tareas rutinarias. Vio convertidos en oro su comida, su bebida, incluso su propia hija. Rezó a Dionisio para que le librara de aquella maldición y éste, que lo escuchó, le aconsejó bañarse en el río Pactolo. Pero el río también se convirtió en oro.

jueves, 22 de agosto de 2013

La hermosa Blancanieves y la venganza de la manzana envenenada

Érase una vez un hombre viudo que tenía una hija y se casó con otra mujer. Él no lo sabía, pero era malvada. Cuando el hombre murió, la niña - que era muy hermosa - quedó al cuidado de su madrastra. Ésta, ante la belleza que adquiría cada año Blancanieves, enfurecía más y más. Y más malvada se volvía. Al principio, la madrastra le preguntaba a su espejo mágico: "Espejito, espejito, ¿quién es la más bella del reino?". Y éste le contestaba siempre lo mismo: "Tú eres la más bella". Pero cuando Blancanieves se hizo mayor y se convirtió en toda una mujercita, el espejo mágico cambió de respuesta. "Blancanieves es la más hermosa, ya no lo eres tú". La bruja malvada enfureció y mandó llamar a un cazador. A éste le pidió que matara a Blancanieves mientras ésta estuviera paseando por el bosque y que le trajera su corazón dentro de un cofre. Cuando el cazador encontró a Blancanieves y la vio, tan hermosa e inocente, no pudo matarla. El cazador le dijo que huyera al interior del bosque y que él engañaría a la bruja, dándole el cofre con el corazón de un ciervo.

Blancanieves se sentía perdida, pero pronto encontró una casa diminuta. Allí vivían siete enanos que trabajaban en las minas. Ellos eran: Sabio, Gruñón, Mocoso, Tímido, Mudito, Dormilón y Feliz. Ellos la aceptaron con ellos para que viviera en su casa. Ella se encargaría de las tareas del hogar y ellos seguirían trabajando en las minas.

Un día, la bruja volvió a preguntar a su espejo mágico: "Espejito, espejito, ¿quién es la más bella del reino?" Ella enfureció con su respuesta: "Blancanieves sigue siendo la más hermosa, pues no está muerta como vos creéis". Entonces, sabiendo que no podía confiar en el cazador, se disfrazó de anciana y la buscó ella misma hasta dar con ella. Llevó consigo una cesta llena de manzanas envenenadas. Conforme dio el primer bocado, Blancanieves cayó al suelo, inconsciente. Cuando los enanitos llegaron a la casa encontraron a Blancanieves la creyeron muerta, así que construyeron una urna de cristal para que fuera su tumba. Pero en aquel momento pasó por allí un príncipe que quedó impactado con su belleza y al instante se enamoró. Quiso darle besarla para despedirla y entonces ella, que no estaba muerta, despertó por el beso de amor que había recibido. Los enanitos se alegraron mucho y todos vivieron felices y comieron perdices.