Eneas, príncipe de Dardania, huye de Troya tras haber sido quemada ésta por el ejército aqueo. Entre su gente, van con él su padre (Anquises) y su hijo (Ascanio). Creúsa ha muerto durante la toma de la ciudad, y el fantasma del difunto príncipe Héctor le dice a Eneas que no vierta amargas lágrimas por la esposa perdida, ya que el destino le ha asignado otra de sangre real.
Juno, esposa de Júpiter, rencorosa todavía con toda la estirpe troyana, trata de desviar por todos los medios a la flota de supervivientes de su destino inevitable: Italia.7
Las peregrinaciones de Eneas duran siete años, hasta que, llegado el último, es acogido en el reino emergente de Cartago, gobernado por Dido (llamada también Elisa de Tiro). Por un ardid de Venus y Cupido, Dido se enamora perdidamente de Eneas y, tras la partida de éste y por orden de Júpiter, se quita la vida maldiciendo antes a toda la estirpe venidera de Eneas y clamando por el surgimiento de un héroe vengador: de esta forma, se crea el cuadro que justifica la eterna enemistad entre dos pueblos hermanos, el de Cartago y el de Roma, que conduciría a las guerras púnicas.